Esta oferta se amplía en función del nivel de avance de cada país, con tarjetas de crédito para insumos, alargamiento de los plazos de los préstamos, e instrumentos como el leasing (El Salvador, Colombia), o el factoring (Chile). Una experiencia interesante que se está produciendo en varios países como Perú, es el establecimiento de esquemas de financiación basados en los encadenamientos productivos o cadenas de valor, normalmente en el sector agrícola. Esta experiencia además de facilitar un producto de financiación concreto a los productores, tiene el valor añadido de fomentar la bancarización de microempresas alejadas de las entidades financieras bien por razones de distancia geográfica o de segmento de negocio objetivo de la entidad financiera.
En lo que respecta a los límites al precio del crédito, la experiencia de América Latina muestra que esta limitación se vuelve contra las propias microempresas, al reducir la presencia de oferentes porque no consideran rentable asumir el riesgo de crédito con las microempresas, o al afectar a la transparencia de su actuación, ya que disimulan el precio real del crédito al efectuar esos cobros adicionales por otros conceptos.
En relación a la captación de recursos del público, los productos que se ofrecen son los habituales de cuentas a la vista, ahorro a plazo y depósitos a término. Es destacable, de acuerdo con lo indicado en el apartado Entidades, que cada vez existen más de ellas con posibilidad e interés en captar recursos del público, con las repercusiones que conlleva de introducción al sistema de flujos financieros y de incentivo a la bancarización.